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Prueba ''el Cocidito''
El Cocidito de esta semana Todas las semanas, te ofrecemos el último Cocidito. Escúchalo y disfruta."Cocidito madrileño"- sección del programa Mas que palabras de Radio Euskadi
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The is no time for love in the basque country, please extend the solidarity
Ez dago maitasunerako aukerarik Euskal Herrian, zabaldu elkartasuna
No hay tiempo para el amor en el Pais Vasco, extiende la solidaridad.
Más info http://www.gara.net/azkenak/02... |
 Me entero por los Mass Mierda de que tras el último comunicado de Euskadi Ta Askatasuna la ejecutiva del PSE ha emitido una nota de prensa para expresar su ``más firme rechazo, repulsa y desprecio al terrorismo de ETA y a quienes les amparan y justifican´´ Ante el manido discurso del Partido Sociolisto de la Opresión Españolizante (PSOE) no puedo contener el impulso irrefrenable de poner puntos sobre ies mientras tarareo aquella vieja estrofa del mítico LP de La Polla Records... Pulsa aquí para leer el artículo completo |
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JOSEMARI RIPALDA Catedrático de Filosofía de la UNED - Periódico Diagonal Estamos acostumbrados a que se nos distinga, más aún, se nos oponga contundentemente democracia y fascismo. El que es fascista no es demócrata, el que es demócrata no puede ser fascista. La democracia es buena; el fascismo, malo. Democracia y fascismo son opuestos y excluyentes, como el bien y el mal, como blanco y negro. Pero, ¿y si resulta que entre democracia y fascismo hay transiciones de todas las clases y niveles?, ¿que Guantánamo no lo inventaron los nazis, ni un Estado con elecciones técnicamente limpias tiene por qué ser muy democrático, ni la democracia lo es jamás para todos? Atrás queda La Guerra Civil en Francia de Marx, olvidada ante todo por los que fueron o aún siguen llamándose marxistas; olvidada, pero no respondida. Delante, ante los ojos, la farsa de una clase política e intelectual que nos adoctrina a diario sobre la democracia, la ética y el Estado de derecho, tantas veces invocado ya por el tardofranquismo. Pero un Estado de derecho puede ser también regular o francamente malo; de su calidad se trata precisamente y no son aseveraciones de su excelencia las que lo garantizan. Tal vez es en el extranjero, por ejemplo en la nada ejemplar democracia norteamericana, donde uno se da cuenta de que allí sí saben lo que es democracia, aunque precisamente por eso no la equiparen al paraíso terrenal, como aquí nos quieren hacer creer.
Historia El nacionalsocialismo alemán nunca derogó la Constitución democrática de Weimar -la única que ha tenido Alemania-; simplemente le fue añadiendo otras leyes e interpretaciones ad hoc. ¿Le suena esto a alguien por aquí? La democracia norteamericana, aparte de otras cosas de sobra conocidas, ha funcionado con el principio no escrito de la supremacía blanca (white supremacy). Las democracias europeas han sido compatibles con imperios coloniales y postcoloniales, cuyos episodios más cercanos, como la guerra de Argelia, aún arrojan su sombra ominosa sobre Francia. Un viceprimer ministro socialdemócrata, Willy Brandt, propuso en Alemania las “leyes de emergencia”; el mismo que propuso luego, ya como primer ministro, “el decreto contra los radicales”; los viejos sabemos el papel que jugó en la ‘Transición’. En otro tiempo he oído demasiadas veces a los alemanes que la democracia estaba bien para Alemania y el Franquismo no estaba tan mal para España. Algo así deben de opinar bastantes europeos clásicos acerca de la democracia española, como de la polaca o la rumana. En tiempos recientes el punto de comparación más recurrente que he oído con la democracia española ha sido la de Chequia. Yo encuentro mucho parecido con la de Chile (sólo que la familia Pinochet al menos ha comparecido ante el juez, y en España hay políticos que reivindican la memoria de Franco). El Parlamento europeo dio una cálida acogida al inicio de las negociaciones con el independentismo vasco; actualmente, sin embargo, mira para otro lado. La razón es peor de lo que parece: a los gobiernos europeos no les viene mal disponer de un precedente como el español para poder desarrollar más cómodamente sus políticas socialmente regresivas y políticamente represivas bajo el título, por ejemplo, de “lucha contra el terrorismo”. El reciente caso del profesor berlinés de geografía urbana Andrey Holms, acusado de terrorismo y tratado como corresponde a “la gravedad del caso”, sólo ha sido parado
provisionalmente- por la movilización de miles de colegas. Pero todos tenemos presente a dónde ha llegado, por ahora, “la lucha contra el terrorismo” en Londres o en los Estados Unidos. Miedo en el cuerpo Rodríguez Zapatero, después de haber sido incapaz de llevar una línea coherente de negociación en el País Vasco, ahora pasa a la represión absoluta (dicho sea sin menoscabo de la independencia de jueces tan ejemplares como Garzón según el portavoz del PSOE, López Garrido). Seguramente la propuesta de Ibarretxe le ha metido ahora el miedo en el cuerpo a la clase política española. Ésta ni sabe lo que es un proceso político, pues según ella este Estado, al ser ya democrático, no necesita más proceso que el de su constante consolidación. Por contraste fatal, en Euskal Herria sí se discute la “consulta” propuesta por Ibarretxe, sus imprecisiones, sus huecos, sus evidentes dificultades; en el silencio a que está cada vez más obligada, esa opinión pública puede resultar clamorosa como se le dé una espita de salida distinta de la rígida etiqueta electoral; y sentaría no sólo un precedente, sino que obligaría por fin a reconocer que hay un problema político vasco, algo, para la clase política de derechas y de izquierdas, incompatible con el hecho de que seamos una democracia, ergo inaceptable. La clase política española podrá seguir enmarañándose en la retórica altisonante y ambigua de un nacionalismo sin nación. Porque la nación es el resultado de una revolución nacional, como lo fue la francesa y antes de ella la norteamericana, mientras que España pasó de ser imperio a país sin colonias. En vez de constituirse en nación, se convirtió en la monarquía militar de la Restauración, mientras la generación del ‘98, incapaz de afrontar la realidad, escapaba hacia una España profunda, supuestamente eterna por encima de sus derrotas. Y cuando la nación se impuso en la Segunda República, monarquía, ejército e iglesia, los tres dragones del Antiguo Régimen, se alzaron contra ella. Ahí siguen aún, vigilantes, como los perros guardianes de una clase dirigente “sin complejos”. Realizar un gran pacto sin exclusiones es la única solución para la España real, la que no quieren reconocer sus élites de poder. Entonces se verá si España, unida por tantos lazos de todo tipo, es capaz también de volver a ser nación, como lo empezó a ser por unos pocos años un 14 de abril, antes de que llegaran “los nacionales” a sangre y fuego. Pero no veo disposición -aparte los amagos oportunistas de Zapatero- y el tiempo está jugando en contra de esta España; en el fondo ya ha jugado. El endurecimiento policial lo indica y no sólo en el País Vasco. Al establishment actual sólo le queda en mi opinión la tierra quemada de una lenta retirada con muertos, cárceles llenas, frustración y mucho sufrimiento. También yo sigo las convincentes retrospectivas que se nos ofrecen casi a diario de la ‘Transición’ por sus más variados actores y cronistas. Escucho comprensivamente cuánto tacto y generosidad fueron precisos por parte de todos sus actores. Pero también recuerdo el estupor con que vi montar un andamiaje que me parecía destinado a la catástrofe en un plazo de diez años. Me equivoqué. Más bien es una podredumbre, un envenenamiento progresivo lo que ha ido invadiendo aquella España ilusionada, nada que se parezca a una “Transición ejemplar”. Ejemplar ¿para quién? |
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August Gil Matamala Abogado del Colegio de Barcelona y ex presidente de AED Garzón y la política El jurista catalán August Gil Matamala denuncia la politización que el Derecho está sufriendo a nivel europeo y, muy especialmente, en el Estado español. La última actuación de Garzón es un caso paradigmático al respecto. Gil realiza un análisis de ese caso desde un punto de vista jurídico, pero sobre todo desarrolla su crítica desde un perspectiva profundamente democrática. La historia reciente de Euskal Herria nos recuerda el relato homérico del velo de Penélope: lo tejido de día era destejido por la noche, una y otra vez. Como en un enervante juego de la oca, cuando parece que se vislumbra la solución del conflicto político vasco, nos encontramos de nuevo en la casilla de salida. Desde Catalunya, el último y frustrado proceso de pacificación fue seguido con gran interés. Determinadas fuerzas políticas, sectores profesionales progresistas, numerosas organizaciones y plataformas cívicas se involucraron activamente en apoyo del proceso de negociación. La ruptura del mismo y la actual situación de impasse político -más bien de pudrimiento político-, caracterizado por la explícita voluntad de los poderes del estado de aniquilar por la vía represiva cualquier expresión política de la izquierda abertzale, han provocado en estos mismos sectores simpatizantes con la causa nacional vasca un estado de frustración y perplejidad tan acusados que, al parecer, les impide reaccionar ante la imparable escalada represiva. Para no hablar del silencio de la izquierda progresista española -si es que existe todavía-, anestesiada por el mantra «Constitución, Constitución y Constitución», machaconamente repetido por Doña M. Teresa Fernández de la Vega, en su papel de sacerdotisa de unos renovados «Principios Fundamentales del Movimiento Nacional». Sin embargo, desde la posición de un jurista, observador externo, resulta imposible dejar pasar sin comentario la última operación Garzón, con la detención de 23 miembros de Batasuna, tanto por el escándalo del hecho en sí -enviar a la cárcel a los participantes en una reunión política- como porque constituye un paso más en el proceso de judicialización de la política que venimos denunciando desde hace tiempo. En sentido general, nos da la impresión de asistir a un forcejeo entre el poder judicial y el poder ejecutivo por el control del estado, del que deriva la incidencia creciente de lo judicial sobre la sociedad, correlativo a la pérdida de influencia de la política. A los ojos de los ciudadanos lo judicial aparece cada vez más como el principal regulador de la vida social. El imaginario colectivo se desinteresa de los debates ideológicos y encuentra su alimento preferente en la crónica judicial, que invade el espacio informativo de la prensa y la televisión. La vida política sigue el ritmo de los procesos, los sumarios y las decisiones judiciales. Paralelamente a la pérdida de capacidad de la política para actuar sobre la sociedad, el poder judicial abandona el papel que tiene reconocido en una sociedad democrática, es decir, su dimensión estrictamente jurisdiccional. Traicionando su posición de árbitro, de tercero imparcial, cuya función es la de enunciar el derecho en las situaciones de conflicto entre partes, el juez pasa a convertirse en agente político directo, que se sitúa y se interfiere en el centro del debate y condiciona con sus decisiones el desarrollo de la vida política. El fenómeno es europeo, pero adquiere proporciones alarmantes en el Estado español, donde la politización de las instancias judiciales es transparente, y la progresiva judicialización de la política -proceso del 11-M, proceso 18/98, imputación del lehendakari, recursos contra el Estatut de Catalunya, etc.- ha alcanzado en el último año cotas tales que permiten afirmar que los verdaderos centros de decisión de los que depende la vida política de este país se encuentran hoy en la Audiencia Nacional y el Tribunal Constitucional. En este sentido, el auto del juez Garzón de 7 de octubre de 2007 es un ejemplo de manual de sustitución de lo jurídico por lo político. En dicho auto el titular del Juzgado Central de Instrucción nº 5 envía a prisión o impone medidas cautelares a un colectivo de miembros de Batasuna a los que previamente ha imputado -auto de 4 de octubre- un supuesto delito de integración en organización terrorista. Lo más notable de la resolución judicial es la total ausencia de argumentación jurídica que justifique una medida de tal gravedad. Aparentemente, el juez Garzón no se entretiene en tales minucias, ya que dispone del argumento definitivo e inapelable: Batasuna es igual a ETA, tal como él mismo descubrió en un momento de iluminación, y, por consiguiente, cualquier actuación en tanto que miembro de Batasuna, aunque sea en el legítimo ejercicio pacífico de los derechos fundamentales de reunión, expresión, manifestación o asociación política, se convierten en prueba suficiente de la comisión de un delito de los artículos 515.2 y 516.2 del Código Penal. Como se desprende del mismo auto, Garzón parece estar a punto de alcanzar otra revelación: no sólo Batasuna sino todo el espacio político de la izquierda abertzale es ya o está destinado a ser ETA, según su teoría de que «el entramado terrorista liderado por ETA actúa con vocación fagocitadora y depredadora de todo el espectro conocido como izquierda abertzale», espacio que Batasuna «sin lugar a dudas ha procurado y procura instrumentalizar y aprovechar para instalarse en él». La conclusión del argumento es -siguiendo la cita literal- «esta tendencia expansiva de Batasuna bajo los auspicios de ETA es evidente y puede producir efectos en otras organizaciones a las que eventualmente puede colonizar y respecto de las cuales podrá actuarse, en su caso, en el momento en que haya indicios bastantes para ello, pero no antes». Convertido pues en analista político, el juez de instrucción se permite valorar las intenciones presentes y futuras de un colectivo político, así como postular la inevitable criminalización de una opción política de la que se reclama casi el veinte por ciento de la sociedad vasca. Pero donde se aprecia más claramente la politización de la decisión judicial es precisamente cuando intenta salir al paso de la previsible crítica de oportunismo referida a la actuación que analizamos. El juez se ve en la necesidad de justificar por qué se actúa ahora penalmente con motivo de una reunión de un partido ilegalizado, cuando este mismo tipo de reuniones orgánicas y toda clase de expresiones políticas de esta misma organización ya ilegalizada no sólo se consintieron, sino que se autorizaron expresamente (auto de Garzón de 5 de julio de 2006) durante la vigencia de la tregua. Después de negar, con escasa convicción, haber actuado bajo criterios de oportunidad, el auto desarrolla una innovadora teoría según la cual una misma conducta puede ser o no constitutiva de delito según el momento y el contexto político en que se produce y su funcionalidad en relación a una determinada estrategia política. De nuevo, y desbordando ampliamente las competencias del juez de instrucción, Garzón se atribuye la facultad de valorar en términos estrictamente políticos el proceso de negociación y la ruptura de la tregua por ETA, y de definir en cada momento los objetivos estratégicos de Batasuna, presuponiendo apriorísticamente un cambio radical en sus planteamientos, desde su notorio posicionamiento activo a favor del fin de la violencia hasta tomar la opción de «coadyuvar renovadamente a la consecución de los fines de la organización terrorista por medio del recurso a la violencia». Una sociedad democrática no debería consentir por más tiempo que un poder judicial, imbuido de un papel mesiánico de último defensor de las esencias patrias y de los valores constitutivos de la civilización occidental, condicione con sus retorcidas interpretaciones de la legalidad penal el libre desarrollo de la voluntad popular y de todas sus expresiones políticas, pacífica y democráticamente defendidas. (publicado en Gara 18/11/07) |
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Se pretende sustituir el debate sobre la necesidad y viabilidad de la «Y vasca» por un debate sobre ETA. Es decir, convertir el TAV sí/ TAV no, en ETA sí/ ETA no. Un recurso tramposo. El pasado 9 de febrero el Parlamento de Gasteiz aprobó un texto de apoyo a la "Y vasca" que incluía «una condena a los planes diseñados por ETA para impulsar actos vandálicos y de sabotaje». Preguntados por GARA sobre qué planes eran esos, ni EA, ni PNV, ni EB supieron explicarlo. La iniciativa provenía de un texto inicial del PSE que no hacía referencia a ETA y Rodolfo Ares apuntó que su inclusión se decidió «fruto del diálogo» entre los partidos, lo que señalaba implícitamente a uno de los enmendantes, el PP. Al preguntarles directamente sobre si tenía constancia de que haya planes de ETA, Ares respondió que «tenemos constancia de que está habiendo sabotajes a las obras, y a través de los medios de comunicación -y no fue desmentido ni lo desmintió nadie el otro día en la tribuna de oradores- supimos que había un documento interno del entorno de ETA para provocar ese tipo de sabotajes». La información a la que se refería fue publicada por «El Correo» el 27 de noviembre señalando que la izquierda abertzale tenía un plan para intentar parar el TAV. En rueda de prensa, Arnaldo Otegi aclaró con ironía que el «plan subversivo» de Batasuna consistía en que se preguntara a la ciudadanía. La noticia no decía que el plan incluyera sabotajes. Ahora vivimos otra situación similar. Llamativamente en las últimas semanas el Ministerio del Interior ha comenzado a destacar que en sus redadas contra jóvenes independentistas se habían incautado de «panfletos contra el TAV». El pasado 4 de noviembre el mismo diario destacaba con gran tipografía en su primera página que «ETA convierte las obras del TAV en un objetivo estratégico». Todo se basaba en «análisis» de las FSE y en «un manual de sabotaje localizado por el Cuerpo Nacional de Policía» que no lleva ningún anagrama ni marca distintiva de ETA. Sin embargo, a partir de ese momento dirigentes de diversos partidos y la propia portavoz del Gobierno de Lakua comenzaron a condenar «los planes de ETA contra el TAV». Llegados a este punto, conviene recordar algunos pilares básicos de los manuales de contrainsurgencia y traer a la memoria, por ejemplo, un par de consejos del Plan ZEN (Zona Especial del Norte) que redactó el PSOE en 1983, al llegar Felipe González a la Moncloa. En él se proponían «acciones en los medios de comunicación social mediante la difusión de noticias falsas, empleo de una semántica que no favorezca al grupo terrorista, etc.» y se detallaba que «basta que la información sea creíble para que pueda ser explotada». Y da la impresión de que en esas estamos. Por un lado, se trata de sustituir el debate sobre la necesidad y viabilidad de la «Y vasca», por un debate sobre ETA. Es decir, convertir el TAV sí/TAV no, en ETA sí/ETA no. Un recurso tramposo que da a entender que las intenciones de las autoridades no pasan por fomentar entre la ciudadanía el análisis sobre la necesidad y utilidad de la mayor infraestructura que va a construirse en Euskal Herria. Por otra parte, este país vuelve a convertirse en la Zona de Excepción del Norte, puesto que lo que en Andalucía o Catalunya sería un ataque a una excavadora, aquí se convertirá en una acción «de apoyo a ETA» o directamente «de ETA», con las consecuencias penales que ello conllevará para quien sea detenido bajo semejante acusación. |
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 (IzaroNews.com) El artículo publicado en la portada del Wall Street Journal el martes en su edición americana se titula "Inquisición vasca: ¿Cómo diría pastor en Euskera?" y está firmado por Keith Johnson quien basa su trabajo en declaraciones del que fuera consejero vasco de Cultura, Joseba Arregui y del parlamentario del PP, Leopoldo Barreda. Antes de nada es necesario saber que el diario económico Wall Street Journal fue adquirido recientemente por Rupert Murdoch, propietario del gigante mediático News Corporation, en cuyo consejo figura el ex-presidente español, Jose Maria Aznar. El diario económico asegura en la portada de su edición americana que el euskera es un idioma de origen antiguo, campestre, alejado del desarrollo que han tenido otras lenguas. Keith Johnson explica en su artículo que el euskera dispone de diez términos para decir pastor???, pero por contra se ve forzado a importar palabras que jamás tuvieron cabida en el idioma vasco, como por ejemplo aeropuerto, ciencia, independencia o democracia. El periodista??? se muestra crítico con las actuaciones del Gobierno vasco para relanzar el euskera y llega a asegurar que muchos separatistas vascos "todavía sueñan con crear su propio país, pero mientras tanto están experimentando imponer un estricto régimen de euskera en cada rincón de la vida pública", y eso que "más o menos un 30 por ciento habla el vasco", mientras que el español es el idioma del 95 por ciento de la sociedad. "En las aulas", dice el periodista, "el euskera también ha permitido a los separatistas controlar el currículo. Los libros de texto en vasco utilizados en las escuelas jamás mencionan a los estudiantes que el País Vasco forma parte de España, por ejemplo. Ningún libro de texto de la escuela elemental siquiera menciona la palabra España. Se les enseña, sin embargo, que viven en Euskal Herría, país colonizado por Francia y España". El periodista cita a Leopoldo Barreda quien asegura que el euskera no se utiliza en la vida real, mientras Joseba Arregui le explica que el euskera "no es bueno para una conversación de todos los días. Cuando una lengua se impone, se utiliza menos y crea un círculo diabólico de imposición y reacción". Se ha forzado demasiado el uso del vasco, según Arregui. Johnson cita también a una profesora de matemáticas en un instituto molesta por "emplear 25 horas al día ejercitando los verbos y el vocabulario en euskera, un idioma" –apunta– "sin relación alguna con otra lengua europea y hablada por menos de un millón de personas" cuando "alrededor de 450 millones de personas en todo el mundo hablan español". "Se retira a los policías de las calles para que repasen su gramática. Las empresas que hagan negocios con el Gobierno vasco tienen que dirigir sus negocios en euskera. El próximo año sólo se podrá enseñar en vasco a los estudiantes que entren en la escuela pública", dice el diario de Murdoch. |
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Ibarretxe, Ares y López, lloran como Boabdil
por Manuel F. Trillo
inSurGente .- El auto del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (1/07) referido al procesamiento de peneuvistas y socialistas por reunirse con ciudadanos independentistas es, desde un punto de vista procesal, impecable, diga lo que diga el PNV, el PSOE-PSE, o el “sursum corda”. La irritación de Miren Azkarate al calificar el procesamiento de su camarada Ibarretxe como un “procesamiento al País Vasco”, es de suyo excesiva, pues por mucha representatividad que se le otorgue a un sujeto, sus delitos, delitos son. Y no hay vergüenza mayor que la de quien se ampara en su cargo institucional para delinquir sin que por ello se deriven responsabilidades penales. Más honroso hubiera sido que esa portavoz del lehendakari manifestara que este procesamiento –por desobediencia, lo que conlleva una pena de seis a doce meses de cárcel, aunque a Ibarretxe le piden dos años y nueve meses- es un ataque más a las aspiraciones de un pueblo que desea la independencia, y exculpara junto a su amigo el lehendakari a los que ahora se hallan en prisión acusados de delitos inventados y bien condimentados para mantener alejada la causa del independentismo. Los nacionalistas siempre han sido pequeños en sus aspiraciones, y por ello siempre han perdido patria y matria, por lo que seguir la senda del independentismo sería más congruente. Pero no se pidan peras al olmo, ni se busquen naranjas en la mar.
(He de decir que la actitud de Ibarretxe es muy diferente de la de Ares y López –sujetos con los que me solidaricé en su momento, véase inSurGente- pues no carece de fundamento su propuesta de referéndum al pueblo vasco, dado que la legitimidad del poder procede del mayor consentimiento, y en ese caso chocan dos supuestas legitimidades: la vasca y la española. Siendo lehendakari, y no presidente del Gobierno de España, le toca buscar la legitimidad entre sus convecinos, porque no es lehendakari de los murcianos, por lo que éstos nada tienen que decir en Euskadi ni sobre Euskadi. En este punto tiene toda la razón y todo el sentido político y de la política. Sin embargo, echo de menos que Ibarretxe dé un paso adelante, y se autoinculpe de “colaboración con banda armada” por reunirse con los dirigentes del independentismo vasco. Ahí es donde el jugador de mus tiene el juego). Por otro lado, la argumentación de los socialistas en Euskadi es penosa; pues es evidente y manifiesto que la propia Constitución Española que ellos defienden y aman, en su art. 125 reconoce expresamente que cualquier ciudadano ofendido o perjudicado puede personarse ante los tribunales en demanda de la restauración del Derecho. Pretenden de ese modo restar legitimidad a las acusaciones populares, pues por más bastardas que sean, no dejan de tener esa legitimidad en este “estado de derecho” que ellos tan afanosamente defienden y proclaman. Ese comunicado exculpatorio –“yo no he sido” propio de los alumnos de secundaria-, ese modo de razonar sobre lo que es el Derecho y el Estado de Derecho al que tantas veces apelan cuando se encarcela a los independentistas, resulta que les es demasiado gravoso, pesado, duro, cuando de un modo tan leve se les aplica a ellos. Ares y López debieran de estar en la cárcel, y si resulta que luego son inocentes pues se les compensan los días de cárcel (eso se ha hecho en cientos de ocasiones con los independentistas). La ultraderecha (los herederos ideológicos de los que dejaron decenas de miles de cadáveres en la cunetas y en las tapias de los cementerios durante cuarenta años de franquismo) les quiere llevar a cárcel, y tienen razón, pues usan la misma lógica jurídica de Rubalcaba, así que tienen tanta legitimidad como la que usa el “compañero” Rubalcaba al encarcelar a los independentistas vascos.
No veo mayor delito –si a eso vamos- en que se reúnan los independentistas en Segura a que lo hagan en un hotel con Ares y López, y si estos socialistas vascos piensan que no delinquían es de igual Derecho que las reuniones de los independentistas entre sí tampoco lo sería (pero no los he visto defendiendo esta posición jurídica ante el “compañero” Rubalcaba, por lo que deduzco que son gente tramposa y cínica). Llama desde luego la atención este modo de ver las cosas, el Derecho y el “Estado de Derecho” es válido cuando lo aplica Rubalcaba, Marlaska y Garzón al encerrar entre barrotes a los vascos independentistas, pero se ciscan en el Derecho y en ese mismo “Estado de Derecho” cuando ellos se ven encausados.
La acusación pide penas de un año de prisión para los reunidos, por lo que quien más veces se ha reunido más años le caen (Arnaldo Otegi). A Ibarretxe le piden 2 años y 9 meses, y a los socialistas –qué curioso- 9 meses de prisión. Y he de decir que la ultraderecha que ejerce legítimamente como acusación popular se equivoca al calificar el delito, pues no es el de desobediencia, sino el del “colaboración con banda armada”, dado que los independentistas con los que se reunieron están ahora en la cárcel por ese delito, y ellos tenían perfecto conocimiento de lo que representaban y qué postulados políticos defendían. Hasta en esto son cerriles, jugadores de chicas. Espero con ansiedad el procesamiento de Zapatero y sus enviados durante las conversaciones con ETA por colaboración con banda armada. Pero me da a mí que estos ultraderechistas no tienen bemoles para llevar ante los tribunales a Zapatero y sus compinches en la conversaciones con ETA, no con independentistas vascos cuyos derechos son plenos y de cuyos posibles delitos habrá de hablarse en el futuro. Además, habrán de interponer por el mismo motivo querella contra Aznar y sus mandados por reunirse con una “organización terrorista” (según el el Código Penal), y pretender llegar a acuerdos al margen de la ley.
Dicho queda que desde el punto de vista procesal nada hay que objetar. Luego ¿desde qué punto de vista este auto es una barbaridad jurídica? La declaración como independentista, republicano o extraterrestre no es delito. Si los reunidos eran nacionalistas vascos (Ibarretxe), socialistas (Ares y López), e independentistas (Otegi, Barrena, Petrikorena, Etxebarria, Dañobeitia), y ninguno de ellos pertenece a “organización terrorista” (terminología del CP), ¿dígase dónde reside el delito? Como no somos idiotas ni demasiados estúpidos –cosa que imagina Rublacaba y Marlaska- sabemos que se está aplicando aberrrantemente el principio de “retroactividad” (dicho de este modo, como has sido miembro de un partido político ahora ilegal afirmo que eres ilegal cada vez que abres la boca). Sépase que por este principio a los independentistas vascos, como a los republicanos después de la Ley de Responsabilidades políticas de 1939 sólo les queda suicidarse. Pues todo cuanto hagan o digan será delito. Sabiendo todo esto Ibarretxe, Ares y López, debieran haber tenido más cuidado, más prudencia, pues ahora se les acusa de “desobediencia” (art. 556), pero su delito es el mismo que ahora se les imputa a los que tenían una reunión en Segura, “colaboración con banda armada”.
 Viñeta por Tasio, publicado en Gara Todos a la cárcel. Todos los vascos a la cárcel. Todos menos los que son herederos de los que asesinaron a mansalva durante cuarenta años de franquismo. En este afán se halla Rubalcaba, al que no tengo por estúpido, pero que considero que tiene una cuenta pendiente con alguien por los crímenes de Estado durante los años de Gobierno de Felipe González. Al final ya sabemos que se ha tomado la revancha, y que miles de años de cárcel para los vascos le satisfacen por el ridículo tiempo que pasaron en la cárcel sus compañeros Vera y Barrionuevo. He aquí por qué ha fracasado el proceso de paz, demasiados intereses espurios, y demasiada inquina. Ahora Ares y López, asumid vuestro rol, y no echéis el culo hacia atrás, el TSJPV os encausa, y espero que se modifiquen las conclusiones y se os acuse de colaboración con banda armada, que es a la postre de lo que se acusa en otro procedimiento a los reunidos con vosotros.
Llorad como Boabdil en su leyenda al cruzar el Suspiro del Moro. Llorad vuestra impotencia al dejar que los independentistas dejen tiempo y vida en las cárceles de España. Llorad si tenéis aún dolor por las barbaridades que consentís. Todos, los mencionados y los ignorados, pues ladráis por este atentado –uno más- al Derecho, pero calláis y os frotáis las manos –todos- por impedir al independentismo vasco desarrollar su proyecto político, buscando en revuelto río los votos que no os corresponden. Llorad, llorad como Boabdil.
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(Publicado en Gara)
Menos mal que también hoy día prestigiosos organismos internacionales mantienen ante los casos de torturas una actitud mucho más comprometida y valiente que, por ejemplo, las autoridades del PNV
Aralar y Ezker Abertzalea propusieron recientemente en el Parlamento vasco crear una comisión propia de seguimiento de los casos de tortura para, entre otras cosas, dar cauce a la intervención de los organismos internacionales en dichos casos, y la diputada del PNV Gema Gonzalez Txabarri, a la hora de oponerse, utilizó este pseudo-argumento: «No es necesario pedir la intervención de los organismos internacionales hasta saber si las denuncias de torturas son verdaderas». Luego es de las que pone en duda la veracidad de dichas denuncias. De las que piden pruebas al respecto, siendo como es obvio que debido a la incomunicación es prácticamente imposible probar la terrible realidad de lo que sucede allí dentro, y por eso le quiero recordar a ella y a quienes utilizan argumentos similares el caso de Steve Biko, quien murió torturado en la Sudáfrica del apartheid, en 1977. Biko era un conocido líder negro, con tanto peso entonces como Nelson Mandela, y 30 años después su memoria y ejemplo siguen muy vivos entre nosotros. La inolvidable canción «Biko», de Peter Gabriel, y la célebre película «Grita libertad», de Richard Attenborough, han ayudado sin duda en ello. Según los policías que lo «interrogaron», Biko les agredió y se produjo un forcejeo a resultas del cual resultó herido al golpear su cabeza accidentalmente un muro. Así y todo, le siguieron «interrogando» durante cinco o seis días sin aplicarle ningún tratamiento, pese a que eran evidentes los síntomas de daño cerebral, y al final fue trasladado en la parte posterior de un Land Rover, semi-comatoso, desnudo y esposado, hasta una prisión que se encontraba a 1.200 kilómetros. Al día siguiente lo encontraron muerto en el suelo de su celda. Supongo que quienes acostumbran a pedir pruebas en los casos de torturas encontrarán una fácil justificación al hecho de que los policías fueran absueltos dando por buena su versión de los hechos. «¡Se trataba del apartheid!», dirán seguramente. Sin embargo, hace ya años que aquel odioso régimen desapareció, y hoy es el día en que aquellos torturadores siguen siendo inocentes a los ojos de la justicia sudafricana. El 7 de octubre de 2003 el Ministerio de Justicia anunció que los cinco policías no serían inculpados, debido a la falta de evidencias. ¡Eran los únicos testigos de lo sucedido! «Si más tarde surgiesen nuevas evidencias, reconsideraríamos nuestra decisión», fue la única y triste respuesta que pudieron dar a la desconsolada familia de Biko. Sí, así sucedió, y evidentemente ni han encontrado nuevas pruebas ni nunca las encontrarán, ya que tanto en la Sudáfrica del apartheid como en el actual Estado español era y es prácticamente imposible probar las torturas, porque todo el sistema estaba y está construido para ello. Por eso, pedir pruebas en tales circunstancias, poner en duda la veracidad de las denuncias, es en último término mostrar una actitud cómplice para con los torturadores. La misma actitud que mostraron numerosas autoridades en todo el mundo hacia las autoridades de la Sudáfrica del apartheid. Menos mal que a través del mundo miles de personas actuaron decididamente contra aquel régimen. Unas impulsando medidas eficaces como la del boicot; las autoridades cubanas, por su parte, enviando miles de soldados, hasta que finalmente pudieron tomarle la medida al Ejército sudafricano en la decisiva batalla de Cuito Canavale... Fue todo aquello lo que realmente hizo recapacitar a los racistas sudafricanos, y no tanta palabrería hueca. Aquella gente no se limitó a pedir a las autoridades del apartheid que terminaran con la tortura y el propio apartheid para acto seguido negarse a apoyar medidas realmente eficaces. Dejaron de lado toda hipocresía, y se pusieron a luchar con ahínco para enterrar aquel odioso régimen. Y menos mal que también hoy día prestigiosos organismos internacionales mantienen ante los casos de torturas una actitud mucho más comprometida y valiente que, por ejemplo, las autoridades del PNV a quienes han tenido que pedir una y otra vez que se abstuvieran de incomunicar a las personas detenidas, hasta que al final se han visto obligadas a hacer algo. Su actuación ha sido, eso sí, tan hipócrita como de costumbre y, en vez de aceptar la propia responsabilidad, se han limitado a pedir otro tanto a las autoridades españolas, absteniéndose de aclarar si el hecho de pedir a los demás que apliquen dicha medida garantiza que en adelante ellos la van a aplicar estrictamente, y la Ertzaintza no va a volver a incomunicar a nadie. ¿Por qué no aclaran eso de una vez? ¿Por qué se han opuesto tan descaradamente a la proposición debatida en el Parlamento? A mi parecer, porque tienen la perversa intención de seguir dejando ciertas rendijas abiertas a la tortura o, en el peor de los casos, tremendos agujeros, ya que está bien claro que las medidas contra la tortura adoptadas hasta ahora, como la del protocolo de Balza, sólo las han adoptado cuando no han tenido más remedio que hacerlo. ¡Ojalá me equivoque! | |
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